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Los francos y los primeros cristianos en Boppard

El núcleo urbano de Boppard está caracterizado por las espectaculares murallas de un castro tardorromano. En el año 406 d. C., la guarnición romana abandonó el castillo y el recinto se convirtió en un asentamiento civil.

Foto 1 En un gran número de castros tardorromanos se conservan indicios de comunidades cristianas. Las iglesias paleocristianas se encontraban dentro de las murallas antiguas, desempeñaban funciones militares temporalmente y eran un lugar de culto para los habitantes del castro.

Foto 2 Durante las excavaciones arqueológicas que se llevaron a cabo dentro de la iglesia de San Severo de Boppard, se descubrieron los cimientos del castro romano, las termas del castro y una iglesia paleocristiana. Tras la retirada de las unidades militares, la población civil utilizó la superficie del castro y la reconstruyó para sus propios fines.

Foto 3 Durante la segunda mitad del siglo V, se erigió una parroquia paleocristiana que se sustituiría en el siglo VIII por una nueva construcción. Con gran habilidad, las termas militares romanas y las murallas del castro se transformaron en una basílica paleocristiana con coro y nave principal (en rojo).


Foto 4 Desde el coro, ligeramente elevado, conducía a la nave de la iglesia un corredor enmarcado, también llamado ambón, que terminaba en una ampliación redonda en forma de púlpito. El púlpito no solo servía para proclamar las lecturas, sino también para presentar a los nuevos bautizados ante los feligreses.

Foto 5 En la parte occidental de la iglesia, en una sala más pequeña, se encontraba una pila bautismal.

Foto 6 La pila bautismal estaba enmarcada por una especie de baldaquín. La basílica paleocristiana constituye un vestigio de un asentamiento importante en la Alta Edad Media.


Foto 7 En el siglo VI, los habitantes de Boppard enterraban a sus difuntos al sur del castro junto con su traje típico y sus objetos personales en fosas amuralladas o delimitadas por losas. Las tumbas estaban orientadas de manera que la cabeza del difunto quedaba al oeste y su línea de visión apuntaba al este, hacia el sol naciente. En las lápidas se inscribían los nombres de los difuntos. Una de las más notorias es la tumba de Besontio y su sobrina Justiciola, que se encuentra en el muro occidental dentro de la iglesia de San Severo.

Foto 8 Una de las tumbas contenía los restos de una mujer rica de elevada clase social. La difunta yacía sobre una capa de hojas de boj, lo que constituye un símbolo claro de las costumbres cristianas, ya que aún hoy día se utilizan ramas de boj sagradas en la liturgia. Además de las joyas de plata de la difunta, cabe destacar una cadena atada a la cadera que presenta llaves de bronce. En siglos posteriores, la Iglesia católica denominará a estos amuletos «llaves de San Pedro».

Foto 9 En otra tumba muy opulenta, por desgracia desvalijada ya en la Antigüedad, se halló un anillo de oro. El anillo presenta símbolos cristianos, una cruz y un pájaro de patas largas con un pez en el pico, y constituye un indicio importante de la existencia de las comunidades paleocristianas.

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